“Ahora ves el mar, el mar que no se acaba,
Y el rayo de luz que clava en sus aguas desvaneciendo el frío,
Yo, con el olor a tardes mojadas, con los pies no tan humedecidos
Veo la lluvia sujetarse con fuerza hasta continuar su sendero,
Bajo el parpadeo de sus gotas, bajo el tiempo curvo de su causal,
Una lluvia cubierta de lluvia, un palpitante gesto de soledad.
El día, que aunque evidencia el mismo caso azul que el tuyo,
Descubriese medio lleno, medio vacío,
Pues hecho a la medida de tu recuerdo y ausencia
Gotea mi tristeza un barniz que va cubriéndolo todo,
Las tardes, las cotidianas, las del barniz de naranja
Las envueltas en papel celofán, las redondas,
Sospechan un hueco en el aire, la falta de un color en su estanque
Y urgen que la brisa se aquiete y encienda otra vez tu imagen en el aire
Ahora que cualquier lugar se vuelve oficina
Por estar tu frente al mar y yo en el astronauta día
La luz tiembla en mis ojos, el tiempo me rompe en silencio
Me aferro al recuerdo a fuera de tu casa y su olor a hierba mojada….”

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