"Cuando tenía algo de edad, pensaba en encontrar el orificio bajo la escalera, en conocer la metafísica del arco iris y el orden publico de los colores, en exagerar la luz y sobretodo, en descubrir la incertidumbre del sentido al estar dotado de tantas figuras estéticas elaboradas, sin estar adjudicado a todos los hechos posibles de la vida, el sentido parecía reclamar entonces el escape a la racionalidad como a su vez la memoria reclamaba algo sin saber que, legándose algo así misma, como quizás la perspicaz noción del olvido.
Como orquestadores del dolor, -figura estimulante- me encuentro expuesta al riguroso proceso de la sonoridad escrita, no verbal, puesto que las hojas solo han podido en metaforas hablar, bajo un usual objeto de dispersión que impediría a mi sentir develarse de forma natural y sanadora ante tan desolada y no desconocida legión del propio dolor, como es el conocido instrumento analítico de la razón acompañado del preponderante mecanismo retórico ¿acaso inescrupuloso? y de un poderoso simbolismo no se que tan dual de la palabra, que como pluma va de aquí para allá y de la cual se intenta entender algo más allá de lo que dice, inclusive desde un mismo sentido de empleo sin que esto diera cabida a la existencia de idénticos impulsos y por supuesto desde el mismo recuerdo.
Palabras entonces que al guardar su propia memoria, se convierten en archivadores narratologicos, y que al estar derivadas unas de otras con intrínseca pedagogía, llegan a hablar desde un mismo para a todos, diferenciando claro esta, esta memoria de las que tienen los muebles, siendo mueble una palabra. Pero más allá de lo que como rutina puedan gritar en coro las palabras, fuentes secundarias de la mente situadas como en la frenología a un acaecer distinto en afán de un fonetismo, ¿no se a cansado alguien ya de que diga tanto y nada? Me excuso, es la prevención de quien que va a abrir la puerta sin saber quien es.
Más allá de cualquier incierto, ¿Qué es lo que reclama la memoria cuando se vive en un destino en jurisdicción del olvido? Cuando para mí ¡y no soy un mueble! el recordar es el hipotético caso del desnivel de una memoria, sin especificar su naturaleza, sus fondos y matices sugestivos, llamo vivo a quien es sobreviviente de su propio olvido…
El olvido, la reducción del sentido mismo, la locución de lo que duele, y a veces como acto de autojustificación no liberador de hacer justo un dolor, -es bueno escribir “a veces” la gente no se siente aludida, se busca desde el otro lado y no causas controversias, es decir conversaciones de uno, yo me río de eso-, es fiel reparador del día que se comete con la ausencia de la conciliación de si mismo….
El olvido, sus ademanes y arpegios, se ha en la tarde o en el invierno, internamente le temo como muerte de un querer, externamente al invadirlo todo me hace doler la memoria, porque también me duele como me duele la carne, que no me deja tocarme el alma, poco a poco me voy soltando de los instrumentos, todo empieza con la edad y su consecuencia de memoria y con ella el olvido que siempre a colmado el aire, estar expuesta a este proceso evidenciado ha afectado mi sentido cósmico, exteriorizarlo es aun peor, mis oídos, gramófonos de un pensamiento vago y profundo torturado precisamente por el mundo exterior, se ve visto desde la razón, solo alguien, que lo sabe, puede hacerme hablar desde el lenguaje de las pasiones, lo cual enriquece el sentido, los hechos son dotados de sentido, lo cual disminuye la incertidumbre del mismo, algo que quería descubrir cuando tenia algo de edad………"
Todo el mundo tiene derecho a tener que explicar en que sentido esta empleando las palabras….

No hay comentarios:
Publicar un comentario